Datos desglosados sobre las necesidades de anticonceptivos entre los adolescentes

Con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente (2016 2030), se ha puesto un renovado énfasis en comprender las necesidades de los adolescentes en materia sexual y reproductiva y en darles respuesta. Aunque son la generación de adolescentes más grande de la historia hasta la fecha, sabemos relativamente poco sobre sus necesidades en materia de anticonceptivos.

Esto es especialmente cierto en el caso de los adolescentes solteros, dado que rara vez se comunican los datos relativos a ellos, incluso en los casos en que llegan a recopilarse. Habida cuenta de que los ODS y la estrategia mundial requieren que se realice un seguimiento a nivel de los países de los indicadores relativos a la anticoncepción, incluidas las necesidades cubiertas, la pregunta clave que se plantea es ¿Qué puede hacerse para ayudar a los adolescentes a prevenir los embarazos no deseados?.

Para responder a este interrogante, hemos elaborado notas descriptivas para cada país en las que se describen el uso o el no uso que los adolescentes hacen de los anticonceptivos en 58 países de bajos y medianos ingresos de las seis regiones de la Organización Mundial de la Salud. Los datos que figuran en las notas descriptivas se han tomado del Programa de Encuestas de Demografía y Salud (DHS), que realiza encuestas periódicas a nivel nacional, en colaboración con los gobiernos de los países. Todos los datos incluidos en las notas descriptivas están a disposición del público.

Para entender mejor la situación demográfica de los adolescentes en cada país, proporcionamos información sobre el número total de adolescentes, las zonas en las que viven mayoritariamente (urbanas o rurales), los años promedio de escolaridad, la edad promedio al momento del nacimiento de su primer hijo, la edad promedio al momento de la primera unión (es decir, convivencia o matrimonio) y la edad promedio al momento de la primera relación sexual.

Además, facilitamos estimaciones sobre el número de mujeres y hombres adolescentes que están sexualmente activos (es decir, que refieran haber mantenido relaciones sexuales en los últimos tres meses, o que tengan pareja) y la proporción de adolescentes solteros sexualmente activos, desglosada por sexo. Estos datos, tomados en su conjunto, constituyen un primer paso fundamental para comprender el riesgo de embarazo, tanto dentro como fuera de la pareja, a nivel de los países.

Para ayudar a que los encargados de la formulación de políticas y los gestores de programas entiendan la heterogeneidad de las necesidades de los adolescentes en materia de anticonceptivos, proporcionamos datos que permitan planificar cuándo, cómo y dónde usarán o dejarán de usar anticonceptivos los distintos grupos de adolescentes sexualmente activos. Los datos relativos al uso o no uso que las adolescentes de entre 15 y 19 años de edad hacen de los distintos métodos anticonceptivos se desglosan por estado civil.

Los métodos anticonceptivos pueden ser tradicionales (marcha atrás o abstinencia) o modernos (espermicidas, preservativo femenino, preservativo masculino, método de los días fijos/calendario, anticonceptivos orales, anticonceptivos inyectables, amenorrea de la lactancia, implantes, dispositivo intrauterino (DIU), esterilización masculina o femenina). Tanto dentro de los países como entre ellos se observan variaciones significativas en los tipos de métodos utilizados por los adolescentes, que incluyen métodos tradicionales, métodos reversibles de acción prolongada (implantes y DIU) e incluso métodos permanentes en determinados entornos.

Entender los diversos motivos por los que no se usan los anticonceptivos puede ser útil a la hora de adaptar las políticas y los programas nacionales para que reduzcan las barreras al conocimiento y el acceso tanto de los adolescentes como de los proveedores de atención sanitaria. Indicamos las tres razones principales que las adolescentes alegan para no usar anticonceptivos, aunque no deseen quedar embarazadas en los dos años siguientes. Los datos se basan en las respuestas de chicas adolescentes de entre 15 y 19 años de edad, y se presentan de forma separada para las adolescentes solteras y sexualmente activas y las que están en pareja.

Las razones para no usar anticonceptivos varían considerablemente, pero entre las adolescentes solteras y sexualmente activas las más comunes son “no estar casada” y la escasa frecuencia de relaciones sexuales. En cambio, para las adolescentes en pareja, entre las razones más comunes se encuentran el estar amamantando y la abstinencia postparto. Ambos grupos de adolescentes citaron con frecuencia el miedo a los efectos secundarios y la preocupación por su salud.

A fin de tener un panorama más claro de cuáles son las posibles fuentes de productos anticonceptivos y ayudar a crear un conjunto sólido de servicios de alta calidad destinados a los adolescentes, es necesario entender que obtienen anticonceptivos de diversas fuentes. Señalamos las dos fuentes más comunes a las que recurren los adolescentes que están usando métodos anticonceptivos modernos. Estas fuentes están determinadas por los tipos de métodos anticonceptivos disponibles y por los que resultan más accesibles para los adolescentes.

En algunos entornos, la mayoría de las fuentes se encuentran dentro del sector estructurado, como ocurre con los establecimientos públicos, los establecimientos privados y las farmacias. En otros entornos, la mayoría de los adolescentes obtienen los productos anticonceptivos en el sector no estructurado, como las tiendas, los kioscos y los puestos de carreteras, o bien a través de amigos. Los datos que figuran en las notas descriptivas indican en qué se debería invertir para mejorar la calidad de los servicios anticonceptivos y el acceso de los adolescentes a los mismos.

Los datos que figuran en estas notas descriptivas se han desglosado por edad y estado civil para dar respuesta a los llamamientos en los que se pide que nadie se quede atrás. Estos datos pueden ayudar a los encargados de la formulación de políticas y la planificación de programas a reducir las desigualdades en la prestación de los servicios y en el acceso a ellos, y a tomar decisiones con base empírica sobre cómo atender mejor las necesidades de los adolescentes en materia de anticonceptivos.

Fuente: Organización Internacional de la Salud. www.who.int

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